Realidad virtual y modelos 3D interactivos de producto

Una imagen fija enseña lo que nosotros decidimos enseñar. Un modelo 3D interactivo deja que decida el cliente: que gire el equipo, se acerque a la pieza que le preocupa y lo mire desde el ángulo que nadie había previsto. Es lo más parecido a tener el producto encima de la mesa sin tenerlo, y funciona en el navegador, en el móvil o con unas gafas de realidad virtual.

Del render a la experiencia

El modelo que ves en esta página se mueve con el ratón o con el dedo. Detrás hay el mismo trabajo que en una infografía 3D fotorrealista (geometría, materiales y luz), preparado para manipularlo en tiempo real. Lo publicamos en una plataforma de visualización como Sketchfab o lo integramos en tu web, de modo que basta un enlace para que cualquiera lo explore.

Dónde tiene sentido la realidad virtual

En ferias, donde no cabe la máquina pero sí una pantalla o unas gafas. En presentaciones comerciales a distancia, cuando el cliente está en otro país y el viaje no compensa. En licitaciones y proyectos navales o industriales de gran escala, en los que hace falta que todos los que deciden vean lo mismo antes de firmar. Y en formación y mantenimiento, para que el técnico reconozca el equipo antes de tenerlo delante.

Sin humo

A veces la realidad virtual se vende como magia y acaba siendo una demo que nadie vuelve a abrir. Nuestra regla es sencilla: si el modelo interactivo no te ayuda a explicar o a vender mejor tu producto, no lo necesitas, y te lo diremos. Si te ayuda, lo planteamos junto al resto de piezas (vistas, despieces y secciones) para que un solo modelo sirva para todo. En el blog explicamos por qué la infografía 3D marca la diferencia entre competir o desaparecer.

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